Motores de avión desechados: la paradoja energética de la IA
Ante la congestión de la red, operadores de data centers recurren a turbinas de avión para alimentar servidores de IA
La inteligencia artificial no solo consume electricidad: la está devorando. Y la red eléctrica mundial, congestionada y lenta, no da abasto. Por eso, en varios países —aunque no en Chile— los operadores de centros de datos están recurriendo a una solución tan ingeniosa como controvertida: motores a reacción desechados, reconvertidos en generadores de emergencia.
La paradoja de la turbina
Los motores de avión que alguna vez impulsaron vuelos comerciales ahora están siendo reutilizados como generadores estacionarios para centros de datos. La idea es simple: cuando la red no puede entregar la potencia que exigen los servidores de inteligencia artificial, se encienden estas turbinas para cubrir el déficit. El problema es que son menos eficientes que una turbina de gas moderna y emiten más CO₂ por kilovatio generado.
La razón de fondo es la burocracia. Los operadores de data centers llevan años esperando permisos de conexión a la red eléctrica —en algunos casos hasta cinco años— y también enfrentan demoras en la fabricación e instalación de turbinas de gas convencionales. Ante la urgencia de poner en marcha sus centros de datos, han optado por esta solución de segunda mano.
¿Qué significa esto para Chile?
Chile no está directamente afectado por esta tendencia, al menos por ahora. Nuestro país no tiene centros de datos de hiperescala que estén recurriendo a motores de avión desechados. Sin embargo, la situación global es una advertencia: si la demanda de IA sigue creciendo al ritmo actual, y si la red chilena no se moderniza, podríamos enfrentar cuellos de botella similares en el futuro cercano.
El dato concreto: según estimaciones de la Agencia Internacional de Energía, los centros de datos ya consumen entre el 1% y el 2% de la electricidad mundial, y la IA podría duplicar esa cifra para 2030. En Chile, donde la matriz energética es mayoritariamente renovable, el desafío no es solo de cantidad, sino de velocidad de conexión.
La paradoja ambiental
Lo más llamativo del caso es la contradicción: la inteligencia artificial, que promete ayudar a combatir el cambio climático optimizando procesos, está generando una huella de carbono adicional al usar estos generadores de respaldo. Los motores a reacción no están diseñados para funcionar de forma continua, y su mantenimiento es más caro que el de una turbina convencional.
Algunos operadores han justificado la medida como algo temporal, mientras se instalan las conexiones definitivas a la red o se construyen parques solares y eólicos dedicados. Pero lo cierto es que, en el corto plazo, la solución es más sucia que la alternativa.
Para el lector chileno, la lección es clara: la transición energética no solo depende de generar más electricidad limpia, sino de tener la infraestructura para distribuirla rápido. Si la IA llega a Chile con fuerza, y la red no está lista, podríamos vernos tentados a soluciones parecidas. Por ahora, el país no ha tomado ese camino, pero la experiencia global es un llamado de atención.
Con información de TechCrunch