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Código IA Noticias de inteligencia artificial Santiago Mié 16 Sep 2026
Trabajo y educación

La generación que iba a impulsar la IA hoy la rechaza con huelgas y sabotaje

Menos de uno de cada cuatro jóvenes confía en la IA, y la resistencia ya bloquea proyectos por 130.000 millones de dólares.

La generación que iba a impulsar la IA hoy la rechaza con huelgas y sabotaje
Vía Xataka

En septiembre de 2025, Michael Trazzi instaló una silla plegable y una pizarra frente a Google DeepMind, en Londres, y se declaró en huelga de hambre. La pizarra decía: «DeepMind parad la carrera de la IA». Días después, otro joven entregó una carta para Dario Amodei en las oficinas de Anthropic con el mismo pedido: frenar el desarrollo de la inteligencia artificial. Esa protesta sintetiza una paradoja: la generación que las tecnológicas daban por conquistada es la que más rechaza la IA.

Se la llama Generación L, con L de ludita, por los obreros ingleses del siglo XIX que destruían máquinas para defender sus empleos. Hoy no hay telares que romper: el blanco son los centros de datos, los discursos de graduación y los planes de IA en las empresas donde trabajan los jóvenes.

Números de malestar

Según una encuesta de Gallup entre personas de 14 a 29 años, solo el 22% se siente esperanzado con la IA, catorce puntos menos que en 2025. El enfado y el desapego con la tecnología que prometía quitar empleos subieron al 31% y la ansiedad llegó al 44%. Un informe de Writer y Workplace Intelligence añade que el 44% de los jóvenes admite haber saboteado de alguna forma la estrategia de IA de su empresa.

Sharon Freystaetter, extrabajadora tecnológica, contó a The Verge que todos en su círculo cercano están en contra de la IA, salvo sus amigos de informática, obligados a usarla. Bill Gates, en declaraciones difundidas por Xataka, plantea lo contrario: la IA permitirá jubilarse antes y tener semanas laborales más cortas.

Abucheos y centros de datos

Eric Schmidt, exCEO de Google, fue abucheado en mayo en la Universidad de Arizona tras decir que la IA dará forma al mundo. También recibieron abucheos la ejecutiva inmobiliaria Gloria Caulfield, en la Universidad de Florida Central, y Scott Borchetta, director del sello Big Machine, en la Universidad Estatal de Middle Tennessee.

Fuera de los campus, la resistencia se dirige a los centros de datos. Sadie Cisneros, de 17 años, se opuso a uno que iba a construirse junto a su instituto en Pittsburg, y Marco Sánchez, de 15, formó en El Paso una alianza contra un centro de datos de Meta por la rebaja del 80% en sus impuestos. Solo en el primer trimestre del año, la presión vecinal bloqueó o retrasó 75 proyectos por valor de 130.000 millones de dólares. «Estamos en una emergencia», dijo la organización Stop the AI Race, que en marzo reunió a doscientas personas frente a OpenAI, Anthropic y Google en San Francisco.

La inversión, mientras tanto, no se detiene. Un informe de Stanford calcula que el capital global destinado a la IA llegó a 581.700 millones de dólares en 2025, más del doble que el año anterior, aunque concentrado en pocas empresas. En el empleo ocurre lo contrario: InfoJobs y Esade reportan que las vacantes tecnológicas sin experiencia cayeron 41% en 2025, justo cuando más jóvenes buscan su primer empleo. Michael Trazzi, el huelguista de DeepMind, resumió el temor: los recién graduados no saben si podrán ganarse la vida cuando la IA haga lo que ellos hacen.

Luditas sin telares

El periodista Brian Merchant recuerda en su libro ‘Sangre en las máquinas’ que los luditas originales no odiaban la maquinaria en sí, sino los empleos que destruía. Antes de que el Parlamento castigara con la horca a quien destruyera máquinas, los obreros rompieron novecientos telares en Nottingham. Hoy no hay una sola máquina que romper: si alguien ataca un servidor, la IA sigue funcionando desde otro lugar. Por eso la protesta se dirige a los centros de datos, los contratos públicos y la reputación de las empresas.

Esos hechos ocurren fuera de Chile, pero la discusión no es ajena. En el país, la automatización, los empleos de entrada y la instalación de centros de datos cruzan el debate laboral, aunque esta nota no incluya cifras locales. La generación que creció con internet no compra la promesa de la IA; el problema es que tampoco ve un plan para reemplazar los trabajos que esa tecnología va a tocar.

Con información de Xataka

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