Centros de datos de IA amenazan con revertir décadas de aire limpio en Texas
Nueva infraestructura energética para inteligencia artificial podría disparar emisiones a niveles de los 2000 en el estado texano.
El auge de los centros de datos para inteligencia artificial generativa está reavivando un fantasma ambiental que parecía controlado: la contaminación del aire. En Texas, considerado el epicentro de la infraestructura física de la IA generativa en Estados Unidos, la demanda eléctrica de estos centros podría devolver los niveles de polución a cifras que no se veían desde los años 2000.
¿Qué está pasando en Texas y por qué importa en Chile?
Texas se ha convertido en el punto cero de los centros de datos que alimentan a los modelos de inteligencia artificial. La razón es simple: electricidad barata y terreno disponible. Pero esa electricidad no sale del aire. Para satisfacer la enorme demanda, las empresas eléctricas y los desarrolladores están recurriendo al gas natural, un combustible fósil que emite dióxido de carbono y contaminantes locales como óxidos de nitrógeno.
El problema no es solo de Texas. La tendencia global de construir más centros de datos para IA está presionando las redes eléctricas de todo el mundo. Para Chile, donde ya se discute la instalación de centros de datos en regiones como Valparaíso y Metropolitana, el caso texano funciona como una advertencia: sin una planificación energética limpia, la promesa de la IA puede venir con un costo ambiental alto.
Gas versus renovables: la disyuntiva energética
Los desarrolladores y las empresas de servicios públicos en Texas enfrentan una decisión clave: cómo generar la electricidad que demandan los centros de datos. La opción más rápida y barata a corto plazo es el gas natural, que ya está disponible y puede encenderse cuando se necesite. Pero esa solución implica más emisiones, justo cuando el mundo busca reducirlas.
En Chile, el debate es similar. Mientras el país avanza en energías renovables —solar, eólica—, los centros de datos requieren suministro continuo, las 24 horas. Las baterías y la hidroeléctrica de pasada pueden ayudar, pero aún no hay una respuesta definitiva. Lo que ocurra en Texas —con sus decisiones sobre gas o renovables— puede marcar el rumbo de las inversiones en infraestructura de IA en América Latina.
Lecciones para el futuro inmediato
La situación texana muestra que la inteligencia artificial no solo consume datos: también consume energía y, con ella, aire limpio. Para que la IA sea sostenible, los gobiernos y las empresas deben exigir que los nuevos centros de datos se alimenten con fuentes renovables desde el día uno, no como una promesa a futuro.
En Chile, donde la matriz energética ya es más limpia que el promedio mundial, el desafío es mantener esa ventaja mientras se atraen inversiones en IA. La decisión de si esos centros usan gas o energía solar no es técnica: es política y ambiental. Lo que pase en Texas es un espejo donde mirarse antes de que el humo llegue al desierto de Atacama.
Con información de The Verge