Elecciones en EE.UU. ponen en la mira la regulación de centros de datos y la IA
Votantes aprobaron 40 de 41 medidas para restringir la instalación de centros de datos, un golpe a la infraestructura de inteligencia artificial.
Las elecciones de medio término en Estados Unidos, que esta semana dieron un triunfo histórico a los demócratas, también trajeron un mensaje claro para la industria tecnológica: los votantes quieren más control sobre los centros de datos, la columna vertebral de la inteligencia artificial. En 41 medidas electorales locales relacionadas con estos centros, la mayoría aprobó restricciones más duras para su desarrollo. Solo una de ellas fue rechazada.
¿Qué pasó exactamente?
El martes 3 de noviembre, los estadounidenses acudieron a las urnas y, entre otras cosas, decidieron sobre 41 iniciativas que afectan directamente la construcción y operación de centros de datos. Estas instalaciones son esenciales para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial, pero también consumen enormes cantidades de energía y agua. En 40 de los 41 casos, los votantes optaron por imponer nuevas exigencias, como límites de ruido, restricciones de uso de suelo o requisitos de eficiencia energética.
El resultado refleja una creciente preocupación ciudadana por el impacto ambiental y urbano de estas infraestructuras. En comunidades donde antes se aprobaban sin mayor debate, ahora los permisos serán más difíciles de obtener. Para las empresas de tecnología —desde Google hasta startups de IA— esto significa que expandir su capacidad de cómputo en EE.UU. será más caro y lento.
¿Y esto qué tiene que ver con Chile?
Aunque el hecho ocurrió en Estados Unidos, tiene relevancia directa para Chile. El país se ha posicionado como un destino atractivo para centros de datos gracias a su energía renovable y estabilidad política. Empresas como Google, Microsoft y Huawei ya operan o proyectan instalaciones en la Región Metropolitana y otras zonas. Si en EE.UU. se endurecen las reglas, es probable que más compañías busquen alternativas en América Latina, y Chile podría beneficiarse de esa migración de inversiones.
Pero también hay una lección: el rechazo ciudadano a estos proyectos no es solo cosa de estadounidenses. En Chile, comunidades de Quilicura, Cerrillos y otras comunas han manifestado reparos por el consumo de agua y electricidad de los centros de datos. La votación en EE.UU. muestra que, si no hay una regulación clara y participación ciudadana, el descontento puede traducirse en frenos legales.
Lo que viene para la industria
Para quienes trabajan en inteligencia artificial, los centros de datos son tan vitales como los procesadores. Cada nuevo modelo de lenguaje grande (LLM) —como GPT-4 o Gemini— requiere clusters de servidores que funcionan 24/7. Si la expansión de esa infraestructura se topa con más restricciones, el desarrollo de la IA podría ralentizarse o encarecerse. En el corto plazo, las empresas ya están evaluando ubicaciones en países con regulaciones más flexibles, pero también más riesgo sísmico o climático.
En Chile, el debate recién comienza. El gobierno presentó en 2025 una Política Nacional de Inteligencia Artificial que menciona la necesidad de infraestructura sostenible, pero aún no hay una ley específica para centros de datos. La experiencia estadounidense sugiere que, si no se anticipan las demandas vecinales y ambientales, los proyectos podrían enfrentar obstáculos inesperados.
Con información de TechCrunch