¿Quién está pasando el test de lealtad de Trump a la ‘Super Intelligence’?
Una orden ejecutiva de septiembre busca imponer el término 'Super Intelligence' en el gobierno de EE.UU., pero un mes después, incluso aliados y gigantes tecnológicos resisten el cambio.
A fines de septiembre, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva con una sola instrucción: que todas las agencias federales dejen de llamar “inteligencia artificial” a lo que ahora deben denominar “Super Intelligence”. El término ganó una encuesta en X que el propio Trump había lanzado semanas antes, donde competía con opciones como “Extreme Intelligence” y “Supreme Intelligence”. La medida se inscribe en una tradición de la Casa Blanca de cambiar nombres para marcar territorio —como cuando rebautizó el Golfo de México como “Gulf of America” o el lago entre Nueva York y Canadá como “Lake America”—, pero esta vez el blanco es una tecnología que dos tercios de los estadounidenses usan varias veces por semana. El objetivo, según analistas, no es solo cambiar el vocabulario gubernamental, sino convertir el uso del término en una prueba de lealtad política: quienes lo adopten muestran alineación con la administración; quienes no, se convierten en blancos de ataques.
Un mes después: ¿quién usa “SI”?
El gobierno estadounidense ya comenzó a aplicar el cambio. En licitaciones públicas, como una de Immigration and Customs Enforcement (ICE) que pide sistemas de vigilancia “impulsados por SI” para centros de detención, el nuevo nombre aparece. Sitios como el de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) muestran un aviso que alerta a los visitantes de que durante la transición pueden encontrar tanto el término viejo como el nuevo. Pero no todo es orden: el Pentágono lanzó el Proyecto Meridian, una iniciativa sobre el futuro de la guerra, usando la terminología antigua. La Comisión Federal de Comercio (FTC) escribió “superintelligence” en una sola palabra, sin mayúsculas, y el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) ni siquiera lo ha incorporado. Hasta el secretario de Defensa, Pete Hegseth, dijo “AI” en una entrevista el 3 de octubre.
La orden ejecutiva aclara que no afecta documentos ni regulaciones anteriores, por lo que oficinas como la Chief Digital and Artificial Intelligence Office del Pentágono mantendrán su nombre. Pero Trump ya advirtió que planea ir más allá: el 27 de octubre criticó al Wall Street Journal por no usar “Super Intelligence” y sugirió que una nueva norma prohibirá el término “artificial intelligence” en documentos gubernamentales. Ni siquiera Newsmax, un medio que se define como “solidario con el Presidente y sus políticas”, ha adoptado el cambio.
Los gigantes tecnológicos y el costo del rebranding
El mismo día de la orden, Trump publicó un acuerdo no vinculante sobre seguridad en IA, el White House Accord on Super Intelligence, firmado por Sundar Pichai (Google), Dario Amodei (Anthropic), Mark Zuckerberg (Meta), Greg Brockman (OpenAI), Elon Musk (xAI) y Jensen Huang (Nvidia). Pero según un análisis de CNBC sobre las llamadas de resultados del tercer trimestre, solo Zuckerberg y Musk usaron el nuevo término de forma consistente. Zuckerberg, eso sí, ya lo venía usando desde el año pasado, y Musk ha mezclado “SI” y “AI” en sus publicaciones en X. Ejecutivos de Amazon, Microsoft y Alphabet prefirieron “AI”, aunque Microsoft se refirió en una carta a accionistas a la “era de la Super Intelligence”.
El cambio no es gratuito. Los empleados públicos están redactando guías para que los departamentos naveguen el rebranding, y los jefes de agencias federales deben redactar una nueva definición legislativa de “Super Intelligence” para que el presidente la revise antes de fin de mes. Para Chile, donde la inteligencia artificial se usa en servicios públicos, banca y startups, la noticia es lejana: no hay ninguna indicación de que el gobierno chileno vaya a adoptar un cambio similar. Pero el precedente de que un mandatario intente controlar el lenguaje técnico por decreto abre preguntas sobre cómo la política puede influir en la adopción tecnológica global.
Con información de MIT Technology Review