El gigante DoorDash y la startup de 10 personas frente a la IA
DoorDash movió 970 millones de pedidos; Bites, con 10 personas y 300 restaurantes, muestra el otro extremo del trabajo digital.
DoorDash, la aplicación líder de reparto de comida a domicilio, procesó 970 millones de pedidos en el segundo trimestre de este año y generó US$4.500 millones en ingresos. En el extremo opuesto está Bites, una startup pre-seed —la etapa más temprana de financiamiento, en la que una empresa valida su idea con poco capital— que opera con diez personas en la Bahía de San Francisco, zona de California donde se concentra gran parte de la industria tecnológica. Bites tiene alrededor de 300 restaurantes inscritos.
Las dos cifras no hablan de lo mismo: una es un gigante, la otra un experimento. Pero ambas sirven para mirar el trabajo con inteligencia artificial (IA), es decir, con programas que hacen tareas que antes requerían razonamiento humano. La comparación no dice que la IA haya causado esas cifras; dice que el tamaño de una empresa ya no es el mejor indicador de su capacidad para llegar a clientes.
Menos personas, más criterio
El caso de DoorDash muestra cómo una plataforma puede manejar una escala enorme de operaciones. El caso de Bites muestra la otra cara: un equipo mínimo, con tecnología disponible, consigue operar en el mismo rubro y captar restaurantes en la Bahía de San Francisco.
En Chile, la conversación sobre trabajo y automatización suele centrarse en cuántos empleos se perderán. Estas cifras ayudan a mirar más allá: el cambio no es solo “la máquina reemplaza a la persona”, sino que las organizaciones se vuelven más pequeñas y las personas tienen que hacer más de lo que una máquina no puede. Eso significa más responsabilidad, más criterio y más capacidad de decidir sobre información incompleta.
No hay datos públicos que permitan pensar que Bites ya está en Chile o que DoorDash replicará aquí exactamente ese modelo. La lección, sin embargo, cabe en el país: trabajar con IA no es un tema del futuro, es una forma de organizar el trabajo actual.
Educación para supervisar
Si las empresas van a ser más chicas y más dependientes de la tecnología, la educación también tiene que ajustarse. No basta con enseñar a manejar un software: hay que aprender a supervisar decisiones automatizadas y a saber cuándo una respuesta de una IA no es confiable.
En la educación técnica y universitaria chilena, eso implica pasar de la teoría a la práctica con estas herramientas. También implica que los trabajadores que ya están en el mercado se pregunten qué parte de su rutina diaria puede automatizarse y qué parte requiere experiencia, contexto o trato humano. Esa es la separación que va a definir los próximos años, más allá de las cifras de DoorDash o de los planes de Bites.
Por ahora, DoorDash mueve el mercado con números récord; Bites opera como una apuesta incipiente. Para quien estudia o trabaja en Chile, lo relevante no es elegir entre ser un gigante o una startup: es entender en qué lugar quedará su propio trabajo cuando la inteligencia artificial haga parte de la mesa.
Con información de The Verge