Irán y China ya usan agentes de IA para campañas de desinformación autónomas
El New York Times documenta una nueva generación de operaciones de influencia que funcionan sin intervención humana constante.
El New York Times publicó hoy un análisis que sacude el mapa de la desinformación global: Irán y China están ejecutando operaciones de influencia con agentes de inteligencia artificial que operan de forma autónoma. Esto significa que los sistemas generan contenido, identifican audiencias y ajustan mensajes sin que un operador humano tenga que tomar decisiones en cada paso. Hasta ahora, las campañas de estado-nación usaban IA para escalar contenido y crear cuentas falsas, pero la autonomía es el salto que preocupa a los expertos en seguridad. Aunque los hechos ocurren fuera de Chile, la lección es directa: la misma tecnología que usan las empresas de marketing puede ser aprovechada para influir en elecciones o debates públicos locales.
El salto a la autonomía
El informe del Insikt Group, unidad de inteligencia de Recorded Future, ya había documentado en julio el uso iraní de IA generativa en operaciones de influencia. Pero el artículo del NYT —respaldado por Radio Free Europe— confirma que la autonomía es el nuevo estándar. Ahora los agentes de IA cumplen tres funciones que antes requerían equipos humanos. La primera es la generación de personas creíbles: perfiles en redes sociales con historia, escritura coherente y comportamiento que pasa filtros de autenticidad. En 2023, eso necesitaba diseñadores y redactores; hoy es un pipeline automatizado. La segunda es la adaptación lingüística y cultural. Irán solía delatarse por errores de idioma o referencias incorrectas; los modelos actuales eliminan ese talón de Aquiles, produciendo contenido que suena a inglés americano coloquial sin rastro de traducción.
La tercera función es la más operativa: un agente autónomo puede monitorizar reacciones, identificar qué versión del mensaje genera más engagement y ajustar el contenido siguiente sin esperar instrucciones humanas. China no se queda atrás, aunque con un patrón distinto. En mayo de 2026, OpenAI desmanteló la campaña «Data Center Bandwagon», donde actores ligados a una empresa tecnológica china usaron ChatGPT para generar comentarios que fomentaban la oposición local a centros de datos en Estados Unidos. Los operadores se hacían pasar por ciudadanos americanos y personalizaban el contenido por código postal.
¿Está Chile preparado para defenderse?
La respuesta corta, según Max Lesser del Digital Forensic Research Lab citado por RFE/RL, es no. Los sistemas de detección actuales se basan en patrones conocidos —cuentas coordinadas, marcas lingüísticas detectables— pero los nuevos modelos borran esas huellas. La solución técnica más prometedora, la marca de agua en contenido generado por IA, tiene un problema de fondo: quien quiere hacer desinformación no usa las plataformas que aplican esa marca. California estudia hoy un kill switch para modelos frontera, pero las operaciones autónomas de Irán y China no necesitan modelos avanzados: usan las mismas APIs comerciales que cualquier empresa de marketing. No hay kill switch para eso.
La defensa tiene tres capas que funcionan mejor juntas. La primera es la detección automatizada: Meta, Microsoft y Google invierten en identificar comportamiento coordinado inauténtico, pero cada mejora enseña a los atacantes a evadir la siguiente versión. Es una carrera donde el atacante solo necesita ganar una vez. La segunda es la educación mediática: formaciones para periodistas, moderadores y ciudadanos en verificación de fuentes, antigüedad de cuentas y contexto de imágenes. El problema es que la escala de producción automatizada supera la capacidad humana. La tercera —la menos desarrollada— es la regulación de las APIs. OpenAI y Anthropic ya bloquean campañas por su cuenta, pero el reporting es voluntario, sin estándares comunes. El marco regulatorio europeo (DSA) y estadounidense (FTC) está diseñado para contenido ya publicado, no para los pipelines de generación. Cerrar ese gap requiere coordinación entre gobiernos y empresas de IA que, en el contexto político actual, parece difícil de imaginar. Para Chile, la alerta está servida: la desinformación autónoma no entiende de fronteras.
Con información de WWWhat's new