Los dueños de la IA piden freno mientras se endeudan hasta el cuello
Dario Amodei, Musk, Altman y Hassabis alertan de riesgos, pero las grandes tecnológicas acumulan deuda récord por USD 320 mil millones.
Algo huele raro en el mundo de la inteligencia artificial. El fin de semana, Dario Amodei, CEO de Anthropic, volvió a decir que la IA avanza demasiado rápido y que hay que ponerle freno. No fue el único: Elon Musk, Demis Hassabis y Sam Altman se sumaron al coro de “nos estamos pasando de frenada”. El problema es que el mensaje llega justo cuando las empresas que lideran esta tecnología están gastando más plata que nunca —y buena parte de esa plata es prestada.
El frenazo que nadie frena: entre el discurso apocalíptico y la deuda récord
No es la primera vez que escuchamos que la inteligencia artificial se va a salir de control. En otoño de 2025, más de 800 ingenieros firmaron el Statement of Superintelligence pidiendo prohibir el desarrollo de una superinteligencia hasta que hubiera consenso. Ahora son los propios directivos los que alertan. La contradicción es mayúscula: OpenAI y Anthropic han construido su discurso en torno al peligro de la tecnología que ellos mismos venden y lanzan a una velocidad endiablada.
Pero quizás detrás de esa alarma hay otra historia. A principios de 2025, la startup china DeepSeek lanzó su modelo R1 y borró 600 mil millones de dólares de la capitalización de Nvidia en un solo día. La lección era clara: se puede entrenar un modelo avanzado con mucho menos dinero del que gastan las big tech. Pero la respuesta de Microsoft, Google, Meta y Amazon no fue gastar menos, sino mucho más. Pasaron de 250 mil millones de dólares en 2024 a 410 mil millones en 2025, y ya proyectan 725 mil millones para 2026.
Gastar hasta el límite: los números del endeudamiento
Ese dinero no sale solo de la caja. Los cinco hiperescaladores —Amazon, Alphabet, Microsoft, Meta y Oracle— emitieron 121 mil millones de dólares en bonos durante 2025, más de cuatro veces el promedio anual anterior. Para 2026 se esperan entre 140 mil y 175 mil millones, y la deuda total acumulada en tres años llegaría a 320 mil millones de dólares. Las estimaciones dicen que el gasto de capital absorberá el 94% del flujo de caja operativo de estas compañías en 2026. Hace dos años era el 50%.
Los bancos de inversión ya empiezan a hablar de estos gigantes como si fueran Estados soberanos. Alphabet colocó 31 mil millones en deuda solo en el primer trimestre de 2026. La deuda de Amazon saltó de 65.600 a 119.100 millones interanuales. Y Oracle no generaría caja positiva hasta 2029. Los inversores están nerviosos: el endeudamiento no es infinito y el mercado podría mostrar fatiga frente a esta avalancha de bonos.
Los cuellos de botella que nadie puede saltar
Incluso si el capital fuera ilimitado, hay barreras físicas que no se saltan con plata. Satya Nadella, de Microsoft, y Jensen Huang, de Nvidia, han reconocido que no pueden escalar la IA al ritmo que quisieran. Faltan chips: la memoria NAND no alcanza y las fundiciones como TSMC no dan abasto. También faltan instalaciones: los permisos se demoran, los vecinos se oponen y, sobre todo, no hay suficientes trabajadores en Estados Unidos. El déficit de electricistas, soldadores e instaladores para centros de datos es de unos 439.000 personas, según cálculos del sector. La energía es otro cuello de botella: las renovables no bastan y eso complica tanto la alimentación de los centros como el apoyo político local.
En medio de todo esto, Dario Amodei ha lanzado una idea que suena a salida: “¿Por qué esto no lo está construyendo el Gobierno?”. Cree que la IA es demasiado importante para dejarla solo en manos privadas. Una paradoja final para una industria que pide frenar mientras acelera a fondo, y que ahora se endeuda como nunca para construir lo que dice que da miedo. Para Chile, que también debate su propia regulación de IA, la señal es clara: el problema no es solo técnico, es también de plata, deuda y política.
Con información de Xataka