Papa Francisco dice que el arte generado con IA carece de la chispa humana
El pontífice sostiene que la creación humana no puede equipararse a lo que produce una máquina, aunque se parezca.
El papa Francisco escribió que el arte humano y las imágenes creadas por inteligencia artificial (IA) no son lo mismo, ni siquiera antes de discutir si una es más bonita que la otra. En su texto, el pontífice sostiene que una máquina no crea arte: se limita a hacer un cálculo estadístico con millones de obras hechas por otros. A su juicio, “los algoritmos carecen de la chispa humana”. Un algoritmo es una secuencia de pasos que sigue un programa para resolver una tarea; en los generadores de imágenes, esos pasos procesan millones de obras ajenas para producir algo nuevo.
“Hay una diferencia ontológica, incluso antes que una estética, entre el arte y lo que una máquina puede generar mediante cálculo estadístico basado en millones de imágenes creadas por otros”, escribió el papa. Lo ontológico es lo que tiene que ver con el ser de las cosas, con su naturaleza de fondo. Es decir, para Francisco la diferencia no es de gusto ni de técnica, sino de origen.
La diferencia entre crear y calcular
La declaración no apunta a un programa en particular, pero describe el funcionamiento de los generadores de imágenes más difundidos. Esos sistemas se entrenan con enormes bancos de imágenes; a partir de ese material, un algoritmo aprende patrones y produce resultados nuevos cuando alguien le escribe una indicación.
En ese proceso no hay una biografía, ni una experiencia, ni una intención detrás de lo que se genera. El algoritmo responde con lo que aprendió de los datos, y por eso el papa dice que le falta la chispa humana. Esa expresión puede leerse como un nombre poético para algo propio de las personas: la capacidad de dar origen a una obra desde sí mismas, y no desde el cálculo.
Qué significa ontológico
La palabra “ontológico” aparece en la primera frase del papa y puede sonar como una abstracción filosófica. Pero su uso es preciso: remite a la pregunta por lo que algo es, no por cómo se ve ni por cuánto gusta. Así, aunque una imagen generada por IA se parezca a una pintura, el papa plantea que ambas pertenecen a categorías diferentes.
La afirmación toca de lleno la discusión cultural y de entretenimiento, donde cada vez aparecen más obras, ilustraciones y contenidos hechos con herramientas de IA. No porque el papa entregue una regla nueva: no dice si estas herramientas deben prohibirse, ni si sus resultados deben tener etiquetas, ni cómo pagarle a los artistas. Lo que hace es poner una pregunta sobre la mesa: ¿una obra necesita un creador con cuerpo y experiencia, o basta con una máquina que imita lo que otros ya hicieron?
El texto no menciona a Chile y no tiene un efecto práctico directo en el país. Su relevancia es indirecta: se suma al debate global sobre qué se considera arte cuando una máquina puede imitar el trabajo de muchos. La pregunta del papa no resuelve ese debate, pero lo obliga a mirar de frente lo que separa a una mano humana de una secuencia de cálculos.
Con información de TechCrunch